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Maroc - ABC.ES - Toledo - 27/Jan 13:53
En el panorama editorial actual, se constatan muchas novedades pero pocas innovaciones. Al tiempo que, todavía, en algunos cenáculos y ámbitos se sigue desdeñando la literatura «de género», lo que imponen las grandes editoriales, y las pequeñas, no sé si tanto lo que el público lector demanda, es justamente eso, género, codificados clichés (me temo que me salió un pleonasmo, eah, mejor): memoria histórica, historias románticas, casos policiales («true crime» o crimen inventado), morbo (por el lado del misterio o el del sexo, o ambos entremezclados, lo que siempre ha funcionado). Sin duda, hay autoras y autores interesantes y obras bien escritas , pero (salvo en poesía, que es género en perpetua y admirable reinvención), en general, dentro de la narrativa, se percibe en demasía el eco de las escuelas de escritura y sus recetas, un aroma a «dèja vu», y se añoran puñetazos en la mesa, apuestas al borde del precipicio, órdagos del tipo de Rayuela, Dos días de septiembre o Los detectives salvajes. Y si se han dado o están dando, personalmente, no los he escuchado. «Un trotamundos de Madrid» (2023), de Diego de Labouré, tiene el encanto y el imán de la rareza, flor en el páramo, con su deliberado no sé si escribir anacronismo o, acaso debiera, ucronismo, su mezcla de géneros, su formato narrativo dialogado que nos remite, en primerísima instancia, a Luces de Bohemia y el esperpento y, más allá o atrás, a otro ilustre Diego, Torres Villarroel, a Juan de Valdés y a la mismísima Celestina. Lo esperpéntico, como lo buñueliano o lo berlanguiano irradian al arte y a la vida, somos capaces de reconocerlos y nombrarlos, pero cuán pocos herederos o discípulos han tenido en la literatura, en el teatro y en el cine. Sí, sé que hay algunos nombres, títulos o referencias puntuales. Excepciones. Como este libro de Labouré, desprejuiciado y a la vez juicioso, osado y a la vez respetuoso, transgresor pero leal a una tradición, a un canon heterodoxo que, sin duda, ha procurado lo mejor de nuestras letras: de Jorge Manrique a Caballero Bonald y Bolaño, pasando por Cota/Rojas, Valdés, la picaresca, Cervantes, Bécquer, Galdós y los dos «Ramones» (Valle Inclán y Gómez de la Serna). Un eje literario muy vinculado, por cierto, a lo que hoy denominamos Castilla-La Mancha y al gran imán de Toledo. Novela de iniciación y generacional , con tremendo desenlace, nos sumerge a través de dos jóvenes, casi adolescentes, que preparan el examen de Estado y consiguiente ingreso a la Universidad, en el Madrid de hace un siglo, los «felices 20» del siglo XX. Uno, Gabriel Mendoza, es de alta alcurnia, el otro, Manuel Montalbán, de familia modesta. Su tándem es indisoluble, como el de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, como el de Sherlock Holmes y el doctor Watson, como, claro, Max Estrella y Latino de Híspalis. Se mueven en los límites del hampa y de la noche, trapicheando con el contrabando de licores, pasando información privilegiada a una banda de anarquistas que opera en el subsuelo, en las alcantarillas de la Corte, no menos interesantes y peligrosas que las de la Viena de El tercer hombre. En paralela trama, unos empresarios norteamericanos se desplazan a Madrid con el propósito de importar el rico jamón ibérico (bueno, ibérico sí, pero no con tanta claridad «de pata negra», aunque esto es mejor que lo descubran por ustedes mismos, leyendo el Trotamundos). Destaca en esta predadora embajada yanqui, una bella jovencita, Dylan, que protagoniza, sin darse cuenta, una tan irreverente como surrealista escena erótica en dos planos con Montalbán. Es esta también novela de iniciación y Gabriel, más iniciado, guía a Manuel por los lupanares y la noche peligrosa y fascinante del Madrid de la belle époque. El fondo histórico está superdocumentado y muy bien recreado: la España de entreguerras, beneficiada con la neutralidad en la Gran Guerra, pero lastrada de endémicos males y con la hipoteca de la guerra en África, falta de libertades (aunque sobrada de libertinaje) y con un atraso secular, ante el cual la protesta se expresaba, en gran medida, a través de pistolerismo y sabotajes, con la consiguiente represión, atroz no pocas veces, que tendría su corolario en los desmanes de la peor de las guerras, la in-civil. Un ingenioso recurso actualizador del autor es remitir a personajes de la escena política actual desde los años veinte de hace un siglo. Es un guiño cómico-esperpéntico que no pocas veces da en la diana, o se le aproxima bastante. Diego de Labouré muestra un profundo conocimiento de nuestra capital y Corte, vida vivida y también documentación y estudio. De ese Madrid neogótico, neomudéjar o simplemente modernista de Chamberí o la Castellana, con palacios como el de los Mendoza, donde la excelsa arquitectura hace casi innecesarios los adornos decorativos, a la corrala de la familia de Manuel, donde huele siempre a cocido, porque se comió cocido ayer, se come cocido hoy y se comerá cocido mañana, si Dios quiere y a Dios gracias. Y conste que el cocido, esa excelsa delicatesen popular, nos encanta. Madrid sigue siendo un polo de atracción irrenunciable para los castellano-manchegos, una aventura necesaria, una ilusión, un campo de pruebas y de experiencia. Y, con redes o sin ellas, la meca, el alfa y el omega, para los soñadores de las letras. Esto está bien patente en el libro que comentamos. Esta obra de teatro imposible, con múltiples escenarios sucesivos, como Luces de Bohemia, y personajes corales como «Obispado» o «Muchedumbre», es relato que no decae, donde trama y subtrama avanzan con escenas de tragicomedia y fuertes pinceladas de humor. Como corresponde a los locos 20, época de desinhibición (sicalipsis, cabaret, cocottes), contiene varias logradas escenas muy picantes. Lo que, pedantescamente, diríamos «subiditas de tono». Las dos tramas progresan y chocan ineluctablemente por la intervención de ciertos agentes infiltrados. Aquello fue una Troya en el subsuelo de Madrid. Y el choque generacional, el sombrío futuro para los jóvenes (otro guiño o paralelo de actualidad), en este caso para Manuel Montalbán, «de familia corriente», se resuelve muy dramáticamente. Me parece muy saludable celebrar que hay continuidad de las más genuinas tradiciones literarias españolas, que hay autores jóvenes dispuestos a expresarse con voz y cauces propios, más allá de estereotipos y modas de gran superficie. Con autenticidad. Como apuntó el Dante y nos recuerda Labouré, la pasión no la comprende quien no la experimenta. Les invito a experimentar la pasión del Trotamundos de Madrid. Con gusto, prologué este libro de Diego de Labouré y con gusto recomiendo su lectura. Diego de Labouré, Un trotamundos de Madrid, Círculo Rojo, 2023 (ISBN: 978-84-1199-618-1).
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